Por: Alex Sobarzo
Osorno supo ser, en algún momento, la comuna de los grandes eventos. Bajo un sello que el propio Jaime Bertin impulsó en sus años de gloria, la ciudad vibraba con espectáculos de primer nivel. Sin embargo, hoy parece que ese mismo impulso se ha transformado en un portazo: como quien retira sus juguetes tras un arrebato, el actual edil parece haberle dado la espalda a la ilusión de su gente.
Atrás quedaron los años de carteleras estelares y visitas de alta convocatoria que posicionaban a nuestra comuna en el mapa nacional. Hoy, la gestión municipal se asemeja más a la administración de un fundo particular, donde se inaugura o se entierra lo que el patrón decide, sin considerar el daño al ecosistema local.
El costo de la apatía
Al «matar» el movimiento de una comuna tan próspera, no solo se pierden luces y aplausos; se golpea directamente al motor económico de Osorno. Sin eventos atractivos, la hotelería queda vacía y los miles de emprendedores que ven en la temporada estival su salvavidas financiero, quedan a la deriva.
El próximo Festival de Osorno —único hito de la temporada— se realizará el 13 y 14 de febrero con una parrilla de artistas que parecen elegidos al azar, y que para colmo, habrán recorrido ya la mayoría de las comunas vecinas antes de pisar nuestro escenario. Perdimos la exclusividad; perdimos el norte.
Prioridades Cuestionables
Lo más desconcertante es ver a una autoridad pública promocionando actividades privadas como si fuera un productor de eventos externo. Todavía resuena esa frase de septiembre de 2025: «En el Chuyaca no habrá espectáculo musical, pueden ir a las actividades de la SAGO». Una claudicación absoluta de la gestión cultural pública.
Hoy Osorno, siendo la comuna más grande, se proyecta como la «hermana pobre» de la provincia. La excusa oficial es siempre la misma: «No hay plata». Pero la realidad cuenta otra historia:
- Sueldos millonarios: Directores de departamento mantienen remuneraciones altísimas.
- Seguridad ineficiente: Se creó un «Escuadrón Táctico» equipado con cascos y cámaras que, lejos de prevenir delitos o brindar seguridad real, parecen destinados únicamente a cursar partes por mal estacionamiento.
Osorno merece recuperar su brillo. No necesitamos una administración de fundo, necesitamos una gestión municipal que entienda que la cultura y el turismo son inversión, no un capricho que se pueda quitar cuando el alcalde de turno se «enoja» con su comuna.